Cuando tenía aproximadamente cuatro años me diagnosticaron astigmatismo en una visita rutinaria al oculista, aunque no era necesario que comenzase a usar gafas ya que mis problemas de vista no eran demasiado graves. Así continué mucho tiempo, acudiendo a revisiones cada año y sin querer usar gafas ya que, aunque era consciente de que no veía muy bien de lejos, me sentía cómoda y podía desenvolverme bien en mi día a día.

Sin embargo, todo empezó a cambiar cuando tenía 16 años. Lo primero que noté fue que no conseguía leer lo que los profesores escribían en la pizarra y a consecuencia de ello no copiaba apuntes, no corregía los ejercicios cuando el profesor daba las soluciones, etc. Acabé ese curso sin grandes problemas aunque mis notas no fueron todo lo buenas que podrían haber sido, así que ese verano decidí comprarme unas gafas. Empecé el último curso de instituto muy contenta con mis gafas nuevas ya que con ellas veía bien de nuevo, sin embargo, está sensación duró poco.

Al finalizar este curso y empezar la universidad los problemas eran más graves que nunca, me veía incapaz de copiar las explicaciones de clase, no reconocía a la gente por la calle a no ser que estuviera a pocos metros de distancia, tenía que acercarme muchísimo para leer cualquier cartel… sobre todo de noche o con luces artificiales apenas veía nada con claridad. Solamente me sentía a gusto con actividades en las que solo tenía que mirar de cerca, como leer, por ejemplo. Ni siquiera podía ver la tele ya que estaba realmente incomoda al verlo todo borroso.

En este momento creí que había entrado en el círculo vicioso en el que estaban muchas personas que conocía: ir al oculista cada X meses y que te dieran una graduación mayor cada vez, perdiendo vista poco a poco. Lo que más miedo me daba era pensar en depender de las gafas continuamente, en no poder desenvolverme sin ellas, pero en este momento ya tenía casi asumido que ese iba a ser mi futuro. Sin embargo, mi padre (que casi siempre toma la decisión más acertada) decidió que teníamos que buscar otras alternativas para mi problema y así fue como se puso a buscar otras opciones hasta que encontró Visualia.

Desde el primer momento que leyó acerca del centro me di cuenta de que estaba muy esperanzado con el trabajo que realizaban y en la primera entrevista, la explicación de Nansy sobre como afrontaban en Visualia los problemas de visión nos convenció totalmente a los dos.

En un primer momento, las mejoras de las que me hablaron me parecieron cosa de magia y la ilusión se me fue metiendo en el cuerpo, a pesar de que no quería crearme unas expectativas demasiado altas, por si acaso yo no conseguía mejorar tanto. Sin embargo, a los pocos meses comencé a notar grandes resultados y a comprobar que lo que hay en Visualia no es magia sino grandes profesionales, muy preparados y poniendo todas sus ganas en lo que hacen.

Dicho esto, es necesario recalcar lo importante que es el papel del paciente durante la terapia. Los ejercicios no siempre son entretenidos y aunque llevan muy poco tiempo (unos 15 minutos al día), a veces no son agradables ya que tienes que enfrentarte a tus propias dificultades. Mi opinión es que debe tomarse como un esfuerzo que haces en tu propio beneficio y he podido comprobar que ser constante cobra muchísima importancia. Además, en Visualia te facilitan al máximo esta cuestión: los ejercicios varían con mucha frecuencia para que no acaben resultando pesados, son muy breves y el material lo hace muy ameno incluso para niños pequeños (dibujos, colores, etc.).

Hoy en día, solo uso las gafas en ocasiones puntuales ya que me siento muy cómoda con mi visión y puedo desenvolverme perfectamente sin ellas. La diferencia con hace unos meses es abismal e incluso el resto de la gente se da cuenta de que veo mucho mejor.

La conclusión es que se pueden obtener unos resultados fantásticos con un esfuerzo mínimo teniendo en cuenta lo que ganas. Y lo más importante, con un equipo de verdaderos profesionales que están siempre dispuestos a ayudarte en todo lo que esté en su mano. Estoy muy contenta de haber acudido a Visualia y enormemente agradecida a todos ellos por la ayuda, la paciencia y la sonrisa siempre en la cara durante todos estos meses.

Testimonio de paciente de Terapia Visual en Asturias: S.L., 19 años Testimonio de paciente de Terapia Visual en Asturias: S.L., 19 años