En Gijón hasta las letras se disfrazan en Antroxu

El carnaval de las letras

En Gijón ya se empieza a notar que se acerca el Carnaval. En las calles se habla del Antroxu, en casa se preparan disfraces y en el cole se oyen ideas para carrozas, máscaras y desfiles. Falta poco para que la ciudad se llene de color, música y charangas.

Marina estaba emocionadísima. Ese año iba a salir en una carroza con el tema “La librería mágica”. Llevaba días pensando cómo sería su disfraz. Un libro mágico, tal vez, una maga que creaba cuentos…, era una decisión difícil. Había dibujos, hojas de papel, telas de colores y purpurina por todas partes. Sobre la mesa, estaba el libro de las ideas con lo que tocaba sentarse a leer cómo podría ser su maravilloso disfraz, pero algo no iba tan bien.

Marina abrió su libro y suspiró.

—Parece que las letras también se están preparando para el Carnaval —pensó.

Las “b” se confundían con las “d”, las “p” querían parecerse a las “q” y algunas palabras se mezclaban como si llevaran máscaras. Marina se acercó mucho al libro, frunció el ceño, pero seguían igual de traviesas. ¡Hasta la primera línea se disfrazaba de la segunda! Pero, ¿qué es esto?

Entonces, entre los papeles de colores y recortes de cartulina, apareció una voz alegre:

—¡Normal! Cuando llega el Antroxu, hasta las letras se disfrazan.

Era la brujilla de la Mirada quien hablaba con una sonrisa divertida.

—¿Y cómo hago para verlas bien? —preguntó Marina.

—Igual que cuando preparas tu disfraz —respondió—. Para que todo encaje, tus ojos también necesitan entrenar.

Brujilla le enseñó pequeños juegos como seguir las serpentinas con la mirada, buscar diferencias entre las máscaras, saltar con los ojos de una palabra a otra sin perderse o mirar las cartulinas de colores más alejadas y rápidamente las más cercanas.

El carnaval de las letras en Gijón

El Carnaval de las letras: cuando la lectura se vuelve confusa y la visión necesita ayuda

Y poco a poco, las letras empezaron a quitarse sus disfraces. Las palabras se colocaron en su sitio, las frases dejaron de confundirse y Marina pudo leer con más calma y seguridad.

—¡Ahora sí! —sonrió—. Ya puedo seguir preparando mi Carnaval.

Qué ilusión salir en la carroza este año que estará llena de maravillosos libros con los que viviré historias maravillosas sin que las letras me engañen.

Ahora sabemos que cuando la lectura se vuelve confusa, no es falta de ganas ni de esfuerzo. A veces, las letras están jugando a disfrazarse y necesitan una mirada bien entrenada para volver a su sitio.

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