Cuando Gael nació, imagínese la alegría de toda la vida: primer hijo, nieto, sobrino y ahijado.

Al mes de vida nos llevamos el primer susto. Estuvo ingresado en el hospital porque tenía salmonelosis. Lo extraño de todo es que no sabíamos cómo la había contraído un bebé al que se le esterilizaba todo. Toda la familia se hizo las pruebas y salieron negativas. Han pasado 7 años y aún no sabemos qué pudo pasar.

Tardó 13 meses en controlarla y pensábamos que ahí quedaba todo.

Antes de los dos años y medio estuvo ingresado otra vez, y siempre por problemas relacionados con su aparato digestivo.

Así que, sin querer, se convirtió en el objeto de protección de toda su familia.

A partir de esa edad empezamos a fijarnos en que algo no era “normal” en él, sobre todo a nivel de entendimiento y expresión del lenguaje y su relación social.

Fue a la guardería y aparentemente todo estaba normal. Nos decían que no atendía mucho a la lectura de cuentos y que iba un poco por libre pero que no pasaba nada.

Empezó al cole y solo tardaron 3 días en “pegarnos el toque” porque el niño tenía algo que hacía que se les escapase de su control y les alteraba el comportamiento fijado en clase (quizá un poco estricto para mi gusto porque no dejan de ser bebés, pero es lo que hay).

Así que empezó con una psicóloga infantil. En principio era tan pequeño que tampoco podían dar un diagnóstico correcto. Entonces nos enseñó unas técnicas de “supernanny” para el día a día y fuimos tirando.

Pero el niño se hacía mayor y cosas simples que debía entender, expresar o hacer no eran posibles.

Una logopeda amiga empezó a venir a casa en sus ratos libres. Había palabras y expresiones simples, simples, que mi hijo era incapaz de pronunciar o hablar.

Así que la psicóloga le hizo una serie de pruebas y nos dijo que a nivel de entendimiento el niño estaba por encima de la media, con lo cual no había ningún tipo de retraso en el coeficiente intelectual (o sea, que mi hijo “cortito” no era) y tampoco era autista ni hiperactivo.

Pero detectó unos problemas en cuanto a su lateralidad. Es decir, las personas somos diestras o zurdas, pero no solo de las manos sino de los pies, oídos y ojos también. Lo derivó a una psicopedagoga. El diagnóstico fue “lateralidad mixta e incompleta”, es decir, Gael era diestro de pie, zurdo de ojo, y las manos y oídos como surgiera.

Nos dijo que en niños como el mío que ya llevaba gafas por tener hipermetropía eran palabras mayores y nos remitió a Visualia.

Y fue una suerte que un centro de este tipo exista en Gijón. Yo no vivo aquí pero desde el interior de la región se llega en un momento y el esfuerzo hecho ha merecido la pena.

Nansy nos recibió en cuanto nos pusimos en contacto con ella. Nunca le podremos agradecer lo diligente que fue, porque no dejó que el problema de Gael se dilatará en el tiempo esperando por una cita.

Le hizo un sinfín de pruebas y estudios al niño y nos dijo que tenía problemas auditivos y visuales importantes. Nos demostró algunos de los problemas del niño y lo empezamos a comprender todo.

También nos sentimos mal como padres. Nuestro niño no era sordo ni ciego pero sus problemas visuales y auditivos le limitaban tanto que no obedecía, ni se comportaba bien y claro, lo reñíamos sin saber que el niño no nos había entendido o visto bien.

Empezamos a trabajar con Nansy, Silvia y Oscar. Nos apuntamos a “Terapia de Movimientos Rítmicos” que ha resultado un acierto para Gael porque ayuda a que su cerebro tenga control sobre su cuerpo y los dos hemisferios cerebrales se conecten entre sí para hacer cosas que parecen muy fáciles pero que mi hijo no sabía hacer con sus pies, piernas o tronco.

Además, le hicimos caso a Nansy cuando nos explicó que la alimentación influye mucho en el desarrollo cerebral y emocional de las personas, y además de tomar los omegas, le hicimos el análisis de los residuos del pelo. Visualia los envía a un centro neurológico de Madrid.

Allí, una neurobióloga, muy buena profesional y personalmente, nos envió los resultados. Sin conocer a Gael de nada, los resultados de la prueba le hicieron pensar que el niño tenía algún tipo de problema o disfunción intestinal (por eso les he contado lo que sucedió al mes de vida de Gael). En el pelo le aparecían depositados residuos de sustancias que no deberían circular por la sangre y, además, tenía carencia de vitaminas y minerales muy importantes.

Su diagnóstico fue “Disbiosis intestinal”. ¿Cómo afectará esto a Gael? Su intestino, en lugar de ser un tapiz uniforme era un colador por el que entraba lo que no debía y no entraba lo que necesitaba para su desarrollo físico y psíquico.

Gael siempre se había quejado de que sus extremidades y espalda y el cuello le crujía así de pequeño. Con esta prueba supimos que no tenía magnesio en el cuerpo. No era capaz de absorberlo.

Además, sustancias dañinas como el creosolo (que es un producto de las heces) o el aluminio, circulaban por su organismo, y se depositaban en el cerebro afectando a su correcto desarrollo: el habla, entendimiento, expresión, comportamiento, vista, oído…

Seguimos las pautas que nos dieron. Tomamos todo lo que nos dijeron (siempre productos naturales de dietética y farmacéuticos) y combinado con la terapia auditiva primero y visual después, el resultado está siendo espectacular.

Llevamos casi un año. No me importa el tiempo, ni el dinero, ni el esfuerzo. Tengo un niño normal, que ya entiende, ya se expresa, ha recuperado toda su audición y ha corregido un montón sus problemas visuales. Su cambio en clase es increíble, atiende, está quieto y sentado, participa y menudas notas nos saca.

Vamos a seguir todo el tiempo que sea necesario, sin rendirnos. Menuda recompensa estamos teniendo: mi hijo ha resultado ser una persona “brillante”. Y no tenemos palabras, toda esta familia que somos como les contaba al inicio, para agradecer al equipo profesional de visual y a su labor

Gracias. Mil gracias