Preocupación, impotencia, frustración, son sentimientos que afloran ante un problema que escapa a tu comprensión y a la que tratas de poner solución. Sin darte cuenta te conviertes en una especie de ratón de biblioteca. Hablas con el equipo docente tratando de encontrar soluciones, hacen una valoración y te dicen que tiene una deficiencia en la escritura y empieza el periplo, que si en tal sitio hay una academia , que si en cual, un neurólogo y con todo esto aparece la palabra dislexia. Buscas en internet y empiezas a comprender todo lo que conlleva esa palabra.

Un buen día encuentras un artículo en el periódico sobre este tema. Una terapia que está empezando a impartirse en esta región con la que se trata de dar soluciones, entre otros problemas, a los de lecto-escritura. Después de evaluar los problemas que el chiquillo tiene, comenzamos la terapia tratando de ir solventando las deficiencias que el niño había mostrado en el estudio. En un primer momento te muestras expectante a algún cambio que te dé muestras de que estás en el buen camino, pero claro, este problema lleva tiempo y paciencia. Después de un tiempo de trabajar la terapia y compaginar los estudios, harto complicado, porque encima le coge el cambio de colegio con el instituto, se empiezan a ver resultados. En este tiempo mantenemos contactos con el equipo pedagógico para tratar el tema y qué pasos se van a dar desde el centro y del trabajo que se está realizando con él. Esta entrevista nos dio más moral ya que desde el equipo pedagógico te reconocen que se está realizando un buen trabajo.

Hace más de un año que llevamos con esta terapia y a lo largo de este tiempo es destacable la mejoría en lectura y en escritura y, aunque a lo largo de la terapia haya momentos en que los cambios se hacen lentos, es muy importante estimular al niño. En nuestro caso no nos resultó difícil ya que desde el primer momento fue conocedor de su problema y que todo este trabajo era necesario para mejorar. También soy consciente que en este punto en el que nos encontramos los avances van a ser lentos pero si queremos avanzar, por poco que sea, hay que seguir esforzándose.

Padre de Sergio, 13 años

Testimonio de paciente de Terapia Visual en Asturias Padre de Sergio 13 años

Hola me llamo Sergio, tengo 13 años y llevo 2 en Visualia.

Antes de llegar a Visualia, fui a otros especialistas para resolver mi problema de dislexia. Aunque resolví lo de la dislexia, seguía leyendo mal y escribía aún peor.

Cuando llegué a Visualia, Nansy, la jefa, me hizo unas pruebas y me dijo que no tenía dislexia sino un problema visual y me mandó ejercicios para entrenar la vista.

Ya he mejorado mucho y ya me queda poco. Gracias a Nansy, ahora estudio, escribo y leo mejor. Además, en las sesiones me lo paso pipa.

Espero que los niños que vengan después que yo y que tengan problemas como yo, Nansy se lo solucione.

Testimonio de paciente de Terapia Visual en Asturias Sergio 13 años