
Cómo el procesamiento visual y auditivo influye en el día a día de una persona con Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD), hoy denominado Trastorno de Espectro Autista (TEA).
Durante años, el término Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) se utilizó para describir un conjunto de alteraciones neuropsiquiátricas de diversa intensidad que afectaban principalmente a la comunicación, la interacción social y el comportamiento.
Sin embargo, la investigación científica ha avanzado de forma notable y hoy disponemos de una clasificación más precisa. Por eso, con este artículo queremos actualizar la información que publicamos en su día sobre este tema y adaptarla a la terminología actualmente vigente.
Además, aprovecharemos para explicarte cómo las dificultades en el procesamiento visual y auditivo suelen estar presentes en las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), así como el papel que puede desempeñar un centro especializado en terapia visual y auditiva como el nuestro.
Del Trastorno General del Desarrollo al Trastorno del Espectro Autista: ¿qué ha cambiado?
El concepto de Trastorno Generalizado del Desarrollo fue sustituido con la publicación del DSM-5 en 2013 y posteriormente consolidado por la CIE-11. En lugar de diferenciar varios diagnósticos bajo ese mismo trastorno (como el síndrome de Asperger, el síndrome de Rett o el trastorno autista), actualmente todos ellos se integran bajo el término paraguas del que hoy te hablamos: Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Este cambio responde a la evidencia científica de que estas condiciones forman parte de un mismo espectro, con diferentes niveles de apoyo y manifestaciones clínicas, lo que permite una valoración más individualizada y ajustada a las necesidades de cada persona.
Características habituales del Trastorno del Espectro Autista (TEA)
Aunque cada persona presenta un perfil único, algunas características frecuentes son:
- Dificultades en la comunicación e interacción social.
- Intereses muy específicos o restringidos.
- Conductas repetitivas o necesidad de rutinas.
- Altos niveles de estrés o ansiedad ante cambios o imprevistos.
- Mayor o menor sensibilidad a estímulos sensoriales.
- Diferencias en la forma de procesar la información del entorno.
- Necesidad de apoyos variables según cada caso.
¿Guarda alguna relación con el procesamiento visual y auditivo?
Muchas personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) no presentan problemas de visión o audición desde el punto de vista estrictamente clínico, pero sí pueden experimentar dificultades para procesar correctamente la información que reciben por estas vías, aunque esto es algo que también les ocurre a otras muchas personas que no son autistas.
- En el ámbito visual, en el caso de personas autistas pueden aparecer en mayor medida problemas para mantener la atención sobre un estímulo, seguir objetos en movimiento, coordinar ambos ojos o interpretar con rapidez la información visual.
- En el ámbito auditivo, algunas personas con TEA tienen dificultades para discriminar sonidos, comprender mensajes cuando existe ruido ambiental o filtrar estímulos irrelevantes.
Estas diferencias en el procesamiento sensorial pueden influir en el aprendizaje, la comunicación, la lectura, la orientación espacial o la participación en determinados entornos. Por ello, una evaluación específica permite identificar qué funciones están alteradas y cuáles pueden beneficiarse de una intervención.
¿Puede mejorar un niño autista si acude a terapia visual y/o auditiva?
Un centro especializado en terapia visual y auditiva como Visualia puede diseñar programas individualizados destinados a mejorar determinadas habilidades de procesamiento, siempre como parte de un abordaje multidisciplinar coordinado con otros profesionales.
Adaptar la intervención a las necesidades concretas de cada persona favorece una mejor funcionalidad en las actividades cotidianas y contribuye a potenciar su autonomía y calidad de vida.
Muchos pequeños que tienen problemas de aprendizaje en Asturias ya se han beneficiado de seguir una terapia con nosotros. Algunos estaban diagnosticados con el Trastorno de Espectro Autista (TEA) mientras que otros, que no tenían este problema diagnosticado, sí presentaban dificultades que, después de achacarse a cuestiones pedagógicas o disciplinarias, se acabó descubriendo que eran el resultado de un deficiente procesamiento de la información visual y/o auditiva. De ahí la importancia de una buena evaluación, un correcto diagnóstico y una adecuada terapia adaptada.
